Hola soledad, vieja amiga, he venido para hablar contigo otra vez. Por que el silencio se ha presentado en mi puerta, porque el rechazo me ha cogido por sorpresa.
Ayer perdí por completo la esperanza, cuando queriendo conseguir amor me quedé hasta sin sueños, y yo que he sido siempre musa de las fantasías me siento sola y vacía sin una de esas mentiras. Ese instante dejé fluir mi vida, quise cambiar mi suerte, forzar la fiesta, cundir mi copa de licor. Y entre tanto esfuerzo dejándome llevar por aquello que siempre quise hacer, sin ese sentido de orden y coordinación que me caracteriza, con ese ímpetu brusco, lanzado, hambriento tan raro en mí. Hoy sé exactamente como cambia tu mundo con un simple no.
Y desde ayer dejo de echarme la vida a pares y a nones, porque lo imprevisto no es algo que termine de encajar en mí. Y desde ese momento los astros no me influyen, no admito consejos de nadie. Desde que las visiones no me asaltan, querida soledad, soy menos tonta y más libre.
Sólo sé que ha mutado mi existencia y ahora no sé que camino seguir. De repente no soy capaz de alabar la bondad por disimulo, pues he cometido demasiados pecados que nadie se cree mi inocencia. Me quedo a la espera de un telegrama urgente, de volver a agarrarme a alguna predicción absurda, de videntes falsos, de pistas, señales, de que pasen las hojas del calendario.
Unas simples palabras bastaron para que todo tornara distinto. Mi vida, mi nombre, mi camino. Debió ser así, ya nada será como antes, moví yo una ficha y ahora le toca mover la suya al destino. Ahora soy capaz de cualquier cosa, porque debo volver a pintar un mundo. He sentido realmente como me he hecho mayor.
Ahora estrena libertad una presa, desde que no tengo unos patrones regidos por un juez llamado Cupido. Ahora el silencio es de mutuo acuerdo y no pienso divorciarme de la soltería, tengo como compañero un libro de psicología y me protegen unos planes de una nueva vida. No quiero objetivos, ni quimeras, quiero me sorprenda el amor bailando y que los años pasen llenos.
Me he dado cuenta que es más desgraciado el que evita el trece que el que lo lleva grabado en la espalda. Ahora estoy metida en el lío, en el ridículo, en el querer salir, en el arrepentimiento de mis actos, en la tontería y en no ser consciente de adónde me llevan mis pasos. Sinceramente era peor cuando a salvo tenía miedo del juego, cuando el atreverse no era verbo rutinario, cuando todos los sentimientos, historias y menciones a la vida eran sólo imitaciones de esas historias que cuentan aquellas personas que se arriesgan. No, ahora yo soy una de ellas.
Por mi que explote el mundo en confeti esta noche. Querida soledad, me quedo aquí hasta que quiera, porque sé que en ti siempre tuve mi mejor amante, porque antes soñaba y todo era sencillo y aburrido, ahora vivo y siento que debo seguir, contigo o sin ti.