Claire se vuelve omnipresente.
Marian la convirtió en mi compañera de los último hastíos.
Me gusta porque se abre a mí, comparte su más íntima intimidad y me ha hecho reír y articular toda clase de gestos compasivos, lascivos, intrigantes y tronchantes.
Se trata del primer libro de Marian Keyes. Totalmente en su onda. Tan fresco, tan irónico, tan cercano, tan agridulce y único. Engancha. Recomendable. Todos ellos sin excepción.
¿El argumento?
A Claire le abandona su marido el día que da a luz a su primera niña. Desgarrada y perdida se refugia en la casa de su alocada y enternecedora familia dublinesa, que serán testigos de cada una de las etapas de pérdida que sufre la pobre Claire. Todo ello aderezado con humor vibrante, con futuros amores en presencia, cabrones varios, una niña espectacular y la sensación de alegría, efusividad y vida que consigue transmitir esta magnífica autora.
Cuando una lee a Marian Keyes conecta con la mujer independiente, valiente, divertida y femenina que todos los espejos animan a ser. Tiene el valor de un atracón de las mejores y más excitantes revistas femeninas. Y por multiplicado. La palabra correcta es empatía. Los personajes de sus libros son siempre empáticos con un mismo, o tal vez el lector sea empático con ellos. Su vida, su día a día, sus preocupaciones, alegrías son comunes.
El libro te permite ser superficial sin sentirte culpable y a la vez, hay un rayo de optimismo, siempre lo hay, todos conseguimos superar nuestras desavenencias, que en cierto modo, no difieren de aquellas que sufren los de nuestro alrededor.
El libro te permite ser superficial sin sentirte culpable y a la vez, hay un rayo de optimismo, siempre lo hay, todos conseguimos superar nuestras desavenencias, que en cierto modo, no difieren de aquellas que sufren los de nuestro alrededor.
Un libro ameno, entretenido, un libro amigo. Disfruten.
